Llevabas muerta cinco días. Lo había intentado todo por revivirte y tú, como si nada. ¿Acaso no puse todo mi empeño en hacerte feliz?, ¿en qué te he fallado?...Dios, ¿quién puede estar preparado para estas cosas?...Cinco largos días de angustia e impotencia...
Sumido en mis cavilaciones, llegué al mostrador de aquél lugar; resignado, saqué el papel garabateado que guardaba en el bolsillo y se lo dí al dependiente. Al poco, éste salió de la trastienda con una cajita en la mano: -Tómese una pastilla al menos una hora antes del acto sexual, sólo una, ¿de acuerdo?-. Apreté los puños. ¡Maldita crisis de los cuarenta!
1 comentario:
A mí no me salen las cuentas...
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